Todo comenzó cuando tenía 15 años y descubrí mi primer smartphone. Me fascinaba cómo esas pequeñas aplicaciones podían resolver problemas reales, conectar personas y hacer la vida más fácil. Desde ese momento, supe que quería crear experiencias que la gente llevara en su bolsillo.
Durante la universidad, mientras estudiaba Ingeniería en Sistemas, lancé mi primera app: un gestor de tareas para estudiantes. Aunque era básica, logró 1,000 descargas en el primer mes. Ese momento me mostró el poder del desarrollo mobile para impactar vidas reales.
Después de graduarme, trabajé en una startup de fintech donde aprendí a escalar aplicaciones para miles de usuarios simultáneos. Fue desafiante, estresante, pero increíblemente gratificante. Ahí descubrí mi pasión por resolver problemas complejos con código elegante y eficiente.
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